¿Es correcto humillar a los hijos como método de corrección?

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Avergonzar a su hijo a través de palabras hirientes, insultarlo, golpearlo en público o resaltar sus defectos físicos o conductuales, son las peores formas  en las que lo puede corregir. Utilizar la humillación como herramienta de disciplina es un terrible error.

“Eres un tonto”, “¿eres lento o qué?”, “¡parece que tienes problemas para captar!” Frases que lejos de ocasionar un cambio de conducta, reducen la seguridad y autoestima de los niños. Aunque los padres piensan que el fuerte impacto de estas medidas obligan a los jóvenes a reflexionar, los psicólogos desmienten esta afirmación.

“[La humillación pública de un niño] perjudica la autoestima y puede destruir su círculo de amistades”, explica el sociólogo y psicólogo, Michale Sosteric, en un artículo sobre el tema.

Cuando la disciplina no es impartida de manera correcta tiene un “efecto rebote”.  Es decir, lejos de calmar el mal comportamiento del infante, aumenta su rebeldía y agresividad. Cuando un niño se siente ofendido, visualiza al adulto como un enemigo o agresor, se siente incomprendido, y no entiende cuál fue su error.

La peor consecuencia de la humillación, es generar resentimiento en el hijo hacia el padre. Sensación que a largo plazo lo puede llevar a buscar venganza.

Para evitar este problema, hay que evitar llamarle la atención al niño frente a otras personas.  Llévelo a un lugar a solas, explíquele el motivo de su malestar, y acuerden un castigo apropiado. Su hijo no se avergonzará, y entenderé mucho mejor en qué falló.

También es muy importante escoger el momento oportuno y las palabras correctas. No lo corrija cuando está asustado o nervioso, espere a que se calme y pueda reflexionar exitosamente. Además, dele la oportunidad de defenderse, escuche su versión y dialoguen. Así no se sentirá atacado, sino cuidado.

Tome en cuenta que la edad del niño y su madurez psicológica son esenciales para establecer las normas de convivencia. Si un niño de seis años se porta mal, no lo puede corregir de la manera en que lo haría con uno de 14 ¡Tenga cuidado con exagerar!

Finalmente, enséñele habilidades a su hijo. Es sumamente importante que le explique cuál es la conducta adecuada antes de que cometa un error, y no esperar a que suceda. Muéstrele alternativas, no le reproche hechos pasados constantemente, y ayúdelo a identificar sus emociones. Verá las diferencias.

Un buen padre, educa con amor, no a través de golpes, insultos, ni ningún otro tipo de agresión.

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