Mi hijo es explosivo y desafiante ¡Ayuda!

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En las últimas décadas una nueva conducta se ha puesto de moda, la de los hijos que maltratan, sin ningún temor, a sus padres. En países de Europa, como España, 17 mil menores han sido procesados desde el 2007 por agredir a sus progenitores. En el Perú, según encuestas de CEM Huancayo, varios adolescentes de 14 a 17 años tienen el mismo comportamiento ¿Nota a su hijo cada vez más agresivo y rebelde ante sus órdenes? ¿Lanza objetos y los golpea cuando lo corrige? Antes de que la situación escape de sus manos, debe hacer algo.

“Hubiese preferido que me dijeran que mi hijo estaba enfermo porque habría curación, tratamiento… pero esta falta de límites, su agresividad, no sabes por dónde cogerlo”, confiesa Estela, madre de un hijo maltratador, al diario español “El Mundo”. Su hijo, al igual que todos los jóvenes con una actitud peligrosamente violenta, demostró algunas señales de su problema antes de llegar al nivel extremo que llevó a su madre a internarlo.

Comenzó a tener un bajo rendimiento escolar, y una frustración ante todo, que lo llevó a tener un estado de ánimo explosivo y desafiante. Otras características de los hijos violentos son la elevada insensibilidad emocional, la baja empatía y ausencia de apego.

Pero, ¿cómo puede llegar un adolescente a dichos niveles de violencia? La psicóloga de Cornellá de Llobregat (Barcelona), Dolors Mars, explica que la respuesta está en su infancia y modo de crianza. La especialista resalta que los menores agresivos casi siempre han recibido una educación autoritaria o permisiva. De estas dos, la más común es la segunda, que implica no ejercer la autoridad y satisfacer rápidamente cualquier deseo del niño, incluso si es erróneo o peligroso.

La violencia en los niños inicia con la incorrecta interiorización de los límites, que no se presentan de forma clara durante su crecimiento, originando que no acepten control y sean incapaces de soportar frustraciones. “(Algunos) padres no imponen reglas por temor a que sus hijos sufran y se frustren, sin valorar las consecuencias que esto puede tener en la formación de los niños. Los hijos se vuelven insensibles, egoístas, caprichosos y violentos”, explica la autora del libro “Padres obedientes, hijos tiranos”, Evelyn Prado de Amaya.

Pero, hay formas de evitar que la creciente agresividad en el niño avance a ese nivel. “Los comportamientos a ciertas edades sí se modificanHay que abordarlo y tiene solución con una intervención psicológica y pautas educativas“, asegura Concepción Rodríguez, cuyos diez años de experiencia ayudando a menores con problemas de violencia en el Juzgado de instrucción número 1 de Madrid, le permiten afirmar sin ninguna duda estas palabras.

Como padre, su mejor alternativa es poner un alto al descontrol del infante. No tema corregirlo y dejar claros los límites de su conducta. Él le debe respeto y obediencia, y a cambio, usted le dará las herramientas necesarias para desenvolverse en el mundo sin necesidad de usar agresividad o rebeldía.

Procure no ser violento con él, ser claro sobre los valores y normas del hogar, dedicarle tiempo de calidad, y explicarle las consecuencias morales y sociales de una mala acción.

Si incluso aunque ha dejado de lado la permisividad, el mal comportamiento del niño sigue en ascenso, debe pedir ayuda. La terapia psicológica dirigida a la reeducación emocional, la consolidación del autocontrol, la estimulación de la comunicación familiar,  autoestima y canalización de conflictos, es muy efectiva para estos casos.

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