¿Sabes cómo afectan los problemas de lenguaje a la conducta de tu hijo?

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Mal comportamiento, depresión, inseguridad, agresividad y frustración son algunas de las consecuencias menos conocidas de los trastornos del lenguaje. Hablar es un acto natural que toda persona debe desarrollar durante la primera etapa de su vida, cuando no sucede así, las secuelas emocionales no tardan en aparecer.

“El lenguaje ha creado al hombre más que el hombre al lenguaje”, decía el exitoso biólogo francés Jacques Monod. Efectivamente, está comprobado que aquellos que no pueden trasmitir óptimamente sus ideas, estancan su desarrollo social y afectivo de una manera preocupante.

Los trastornos del lenguaje son variados y complejos. Implican la incapacidad de comunicar significados o mensajes a otros, o la imposibilidad de entender mensajes ajenos. Así pues, existe una larga lista, en la que se encuentran la dislalia, trastornos fonológicos, semánticos, pragmáticos, disfonía, entre otros.

En la actualidad, se sabe que aquellos que sufren alguno de estos trastornos no solo padecen de problemas de aprendizaje, sino que diversos aspectos de su vida social son afectados. Un niño que no puede hablar, es un niño que difícilmente consigue amigos, y que se convierte en alguien solitario, aislado, inseguro, temeroso o resentido.

Según un artículo redactado por Miguel Higuera Cancino, Licenciado en Fonoaudiología en la Universidad de Chile y Magister en Pedagogía Universitaria de la Universidad Mayor de dicho país, los trastornos de lenguaje y comunicación generan en el paciente timidez excesiva, intolerancia a la frustración, tendencia a los berrinches, angustia, tensión y estrés.

El especialista agrega que esto sucede por la sensación de ineficiencia que experimentan los pequeños. El mal comportamiento y la actitud antisocial son mecanismos de autoprotección ante un mundo en el que se sienten diferentes e incomprendidos.

“Muchos preescolares descritos como tímidos, reticentes o inhibidos, tenían trastornos del lenguaje que interferían con su formación y mantención de amistades”, asegura Nancy J. Cohen, del centro de investigación infantil “Hincks – Dellcrest Centre” en Canadá. Agrega que debido a la reducida comunicación con otros “tienen menos oportunidades de aprender y practicar las habilidades sociales necesarias para interactuar con sus pares”.

Por otro lado, es bastante frecuente que pasen por fuertes periodos de estrés, aumentando la cantidad de hormonas de adrenalina o cortisol, relacionadas con las conductas de agresión o huida. El niño no es capaz de controlar sus reacciones emocionales y es víctima de un comportamiento disruptivo.

Es necesario que inicien un tratamiento adecuada lo antes posible, para evitar que las consecuencias emocionales se transformen en fuertes traumas en su vida. La terapia de lenguaje rehabilita las falencias comunicativas del paciente, acabando con la raíz del problema. Por otro lado, la terapia psicológica disminuye la posibilidad de problemas emocionales.

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